Miercóles 7/7/08, hora 15000. Dejamos la base para dirigirnos con paso redoblado al C.T.
“Es sólo uno” dijo sonriendo. Hasta ese momento yo no había ni siquiera pensado en la posibilidad de que el número de efectivos fuera disitinto de uno. El técnico del Centro de Telecomunciaciones nos mostró en la pantalla del sonar la ubicación del agente. La imagen ante mis ignorantes ojos no era demasiado clara, pero allí estaba, moviéndose. Nos indicó que probablemente sería hombre y que esperaba su llegada para el 30 de Enero. “Santo Tomás, el incrédulo” dijo. ¿Sería algún tipo de contraseña o alias?. La pantalla continuaba mostrando la monocromática imagen. Algo debió ver Rebeca en ella, que le empañó los ojos. Quizás alguna sombra de duda respecto a de qué lado está. El técnico tuvo la precaución de interrogarla apenas llegar, para verificar que estuviera con la causa. Preguntas codificadas, rápidas respuestas. Nos dijo que todo iba según lo planeado, y nos derivó a otro centro, despidiéndose con una cordialidad poco militar. En mi bolso, doblado en cuatro, estaban ya las instrucciones para las próximas semanas.